Por qué cambié de carril?

Soy un hombre que "cree que cree" en un Dios Padre
que me busca, me habla, me estima, me sostiene
y cotidianamente me invita a caminar en clave de fraternidad.

Que trata de creer en Dios,
hoy en un contexto diferente al del propio pasado personal,
superado ya el miedo,
con que la cultura eclesiástica nos fue entristeciendo la vida y desanimando la iniciativa.

Hoy mi fe ciertamente es menos dogmática,
tiene mucho más de búsqueda que de seguridades,
al punto de llegar a decir:
"Padre, me pongo en tus manos haz de mi lo que quieras..."

Que aún reconociendo agradecido "aquella iglesia"
en que recibí la esencia de fe transmitida por mis padres:
el amor de un Dios Providente, la solidaridad, la austeridad,
la religiosidad, la caridad,
no cree más en LA Iglesia sino en UNA iglesia
a partir de la comprensión de un pluralismo religioso
tan rico en tradiciones creyentes en Dios y en Jesucristo.

Que no me siento a gusto con la "romanidad",
ni con su ortodoxia, ni con sus liturgias,
ni con sus vestimentas,
ni con su estilo principesco,
ni con su omnipotencia doctrinaria,
ni con su doble mensaje.

Solo quiero dar y darme razones para creer en Aquel
que pasó haciendo el bien y que no tenía donde reclinar la cabeza.
Razones para seguir a aquel que nos mostró en el Sermón del monte
cuáles eran las principales categorías de la "ley".
Solo quiero reconocer en los más pobres,
a Aquel que se identificó con ellos.

Un hombre que no quiere encuadrarse
en las limitaciones del pensamiento único,
de la moral desculturalizada
y que en definitiva rechaza cualquier proyecto "babeliano",
imperial o fundamentalista que no reconozca y respete las diferencias,
las construcciones y las búsquedas de las comunidades creyentes
y de cada varón o mujer que tiene sed del agua viva.

Que valora y estima el compromiso y los estudios de los teólogos y teólogas,
de los biblistas y de cuántos se empeñan en allanarnos los caminos
para la comprensión del Evangelio
y sufren por su "atrevimiento" impugnaciones y silenciamientos.

Un hombre que cree en la dimensión comunitaria de la fe,
cuando se transita en la búsqueda de consensos
y del discernimiento comunitario de los carismas
y no en "rebaños" empujados a ir de un lado al otro según el "pastor" de turno.

Que por otra parte,
no tiene ningún interés en construir otra iglesia,
solo cambié de carril para poder decir con el apóstol:
"salvé la vida, conservé la fe".

En rebelde fidelidad al Evangelio quiero encender conciencias,
recuperar para nuestras comunidades el mandamiento del amor
y vivir en la alegría de la esperanza.

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